lunes, 8 de septiembre de 2014
CARISMA
CARISMA
El
Servicio es un elemento esencial del carisma de la Orden. Este espíritu de
Servicio tiene sus profundas raíces en las Sagradas Escrituras. En su ideal de
servicio, los Siervos de María se inspiran antes que nada al ejemplo de Cristo,
che se encarna en la figura del “Siervo del Señor” (cf. Is 42, 1-7; 49, 1-9;
50, 4-11; 52, 13-53, 12), que vino “para servir y dar la propia vida en rescate
de todos” (Mc 10, 45) y esta en medio de sus discípulos “como aquel que sirve”
(Lc 22, 27; cf. Jn 13, 3-17). Después en la humilde actitud de la
bienaventurada Virgen que, llamada por Dios a a colabora en el proyecto
salvador de la encarnación del Verbo, se declaró: “Sierva del Señor” (Lc 1,
38).
Para
los Siervos el “ámbito del servicio es muy amplio: Dios, la Virgen, la Iglesia,
el hombre, los frailes de la propia comunidad. El Servicio es la participación
a las aspiraciones e inquietudes del hombre, la promoción de genuinas formas de
vida cristiana;
-
Servicio como la hospitalidad y acoger a los hermanos, especialmente los más
humildes, la asistencia a los ancianos, a los enfermos, y a las personas
necesitadas;
-
Servicio son también las múltiples formas de compromiso apostólico, en
particular el misionero;
-
Servicio finalmente es: el estudio, el ejercicio de la autoridad, el compromiso
de tener con todas las criaturas “solo relaciones de paz, de misericordia, de
justicia y amor constructivo.”
INSPIRACIÓN MARIANA
La
dedicación total a la bienaventurada Virgen, “especial refugio, madre singular
y propia Señora” de los Siervos es otro de los elementos esenciales de la vida
de la Orden de los Siervos de Santa María. Esta dedicación tiene sus raíces en
el hecho mismo realizado por nuestros primeros Padres fundadores al inicio de
su camino espiritual: ellos “temiendo su imperfección, pensaron rectamente
ponerse humildemente ellos mismos y sus corazones, con toda devoción, a los
pies de la Reina del cielo, la gloriosísima Virgen María, para que ella, como
mediadora y abogada, los reconciliara y los recomendara a su Hijo, y supliendo
con su caridad plena a su imperfección, intercediera para ellos la fecundidad
de méritos. Por eso poniéndose con honor de Dios al servicio de la Virgen Madre
suya, quisieron desde entonces ser llamados “Siervos de santa María”.
La
Orden en efecto, siempre ha estado convencida de una particular presencia de
santa María en su vida: en la hora difícil de los orígenes, a lo largo de los
siglos, en el tiempo actual.
Ya
en la época de los siete santos Padres y de san Felipe Benicio, los Siervos
tuvieron clara conciencia que en el origen de la Orden estaba la figura materna
y misericordiosa de Santa María, la Novella plantario, como el papa Inocencio
IV, con una imagen de ascendencia bíblica (cf. Is 61, 3; Sal 143, 12), llama a
la Orden en la bulla Ut religionis vestrae del 1 de agosto de 1254. Sin duda se
conviertió en la mente de los frailes la plantatio Virginia, como la viña
plantada por la Virgen y por ella custodiada y defendida.
A lo
largo de los siglos la Orden ha sentido siempre cerca la bienaventurada Virgen,
que la veneraba con devoto servicio como Mujer del anuncio gozoso, de la
misericordia real y de la compasión salvadora. La ha sentido cerca sobre todo
en los momentos en el cual, los acontecimientos de varia naturaleza, habían
amenazado la extinción y se corría el peligro de desaparecer parte de su
patrimonio espiritual. En esos momentos la conciencia de ser la “religio
Dominae nostrae” constituyó para la Orden un motivo de esperanza y una fuerza
especial para la renovación de su compromiso evangélico.
En
las Constituciones (normas internas) de la Orden del 1987 y en algunos textos
propios de la Familia de los Siervos todo el misterio de la Virgen es propuesta
a los Siervos para la contemplación y al obsequio, pero según la secular
tradición de la Orden, algunos aspectos son puestos en relieve:
- La
Encarnación del Verbo, acontecimiento en el cual los Siervos contemplan llenos
de veneración la Santísima Virgen de la Anunciación, la mujer del “fiat” (cf.
Lc, 1, 38), humilde y llena de fe: y de ella aprenden “a acoger la Palabra de
Dios y a estar atentos a las indicaciones del Espíritu;
- La
asociación de la Madre a la pasión salvadora del Hijo (cf. Lc 2, 34-35; Jn 19,
25-27), que determina la particular piedad de los Siervos hacia la Virgen de
los Dolores;
- La
maternal intercesión de la Virgen, Reina y Madre de Misericordia, a la cual los
Siervos confiados se abandonan y a la cual misericordia se proponen prolongar
en su vida;
- Su
glorificación al cielo junto al Hijo, por el cual ella resplandece como la Gloriosa
Señora, a la cual los Siervos ofrecen su devoto servicio y bajo el cual
patrocinio se refugian.
FRATERNIDAD
n el
texto de las Constituciones de los Siervos es clara la importancia de la
comunión fraterna para la vida. La oración de Jesús al Padre para sus discípulos
fueran una sola cosa como Él y el Padre son una sola cosa (cf. Jn 17, 11), el
testimonio de la primitiva comunidad cristiana en el cual “la multitud de los
que habían venido a la fe, tenían un solo corazón y una alma sola” (Hch 4, 32),
el precepto de san Agustín che los frailes vivan “unánimes en la casa” y tengan
“todo en común” entre ellos y finalmente el ejemplo de los Siete Santos
Fundadores transmitido por el grande documento antiguo “Legenda de origine
Ordinis hacen que la comunión fraterna sea elemento esencial de la vida de los
Siervos de María. Sin este elemento no serían siervos de Santa María.
La
comunión fraterna “caracteriza el modo de testimoniar el Evangelio;
-
informa nuestro estilo de vida, nuestro trabajo y nuestra oración; determina la
forma de gobierno de la Orden y da una peculiar huella a nuestro servicio
apostólico;
- es
el ámbito en el cual realizamos nuestro testimonio de pobreza evangélica y en
el cual vivimos nuestro compromiso de obediencia a la Palabra de Dios y a las
decisiones comunitarias;
- en
ésta reconocemos una fuente de amistad y una salvaguardia de nuestra
consagración al Señor en la castidad por el Reino;
- la
comunión fraterna finalmente es el clima indispensable de la formación
auténtica del Siervo de María y para su desarrollo integral de su personalidad.
MISERICORDIA
La conversión.
En
la Iconografía de los Siervos, a menudo se encuentra la imagen de la Madre de
la Misericordia que acoge a sus siervos y los protege de todo mal físico y
espiritual, implorando gracias y misericordia de su Hijo; pero también a menudo
se reconoce en esta piedad de los Siervos el camino que Dios llama
constantemente la conversión, entendida como el constante dirigirse a Dios y el
cotidiano progreso en el camino trazado por el Evangelio, es una componente
característica de la espiritualidad de los Siervos. Esa tiene su raíz en la gran
amonestación de Jesús, dirigido a quienquiera ser su discípulo: “Conviértanse y
crean en el Evangelio” (Mc 1, 15) e implica una “orientación radical y
constante de la comunidad y de los individuos hacia la novedad de Cristo”.
Para
los Siervos de cada tiempo el dejar todo y las opciones realizadas por los
Siete Santos Fundadores cuando se reunieron para seguir a Cristo y su
Evangelio, constituyen un ejemplo convincente de la “Conversio Morum”
La
Conversio morum exige en efecto, un estilo de vida austero, sobrio, penitente
“de modo que para cada uno de nosotros se haga realidad la palabra del apóstol:
‘Los que son de Cristo Jesús han crucificado su carne con sus pasiones y sus
deseos. Si por lo tanto vivimos del Espíritu, caminemos también según el Espíritu’
(Gal 5, 24-25).
María en el misterio de la Redención: la
Virgen Dolorosa.
Para
los Siervos de Santa María la devoción a la Virgen de los dolores se vincula al
simbolismo del hábito negro, en el cual los hagiógrafos del siglo XIV
reconocían un signo de la humildad de la Virgen y las penas sufridas en la
pasión de su Hijo. La respuesta de san Felipe a dos frailes dominicos que le
preguntaban sobre la Orden al cual pertenecía, y la visión mariana que según el
autor de la Legenda de origine Ordinis, tuvo san Pedro Mártir ponen el hábito
de los Siervos en relación con el misterio del dolor de nuestra Señora: “hábito
de la viudez” de la Virgen, lo llama san Felipe; hábito que significa “el dolor
que ella sufrió en la dolorosísima pasión del Hijo suyo”, precisa el autor de
la Legenda de origine Ordinis.
Se
trata de testimonios de la primera mitad del siglo XIV, que son objeto de
creciente interés por parte de los historiadores de la Orden. En esos
testimonios se puede reconocer el germen de aquella morosa atención hacia el
misterio de la Virgen Dolorosa, que se desarrollará en los siglos sucesivos y
constituirá uno de los elementos característicos de la espiritualidad de la
Orden.
En
efecto, el culto particular hacia la Virgen de los Dolores se expresa con devociones
como la Corona de la Dolorosa, el Via Matris, y con una Misa votiva de los
Siete Dolores que fue concedida para los frailes de la Orden el 9 de junio de
1668. En los siglos XVII-XIX encontramos un hecho importante en el desarrollo
de la devoción dentro de la Orden: el 9 de agosto de 1692 la Virgen de los
Dolores fue declarada titular y patrona de la Orden; punto de un largo proceso
en el cual varias expresiones de piedad por parte de la Orden Seglar se dirigía
hacia la Virgen Dolorosa –sea litúrgicas como populares- habían surgido y se
había solidificado; pero también fue estímulo y punto de partida para la
creación de otros ejercicios piadosos en honor de la Reina de los Mártires.
En
las Constituciones (normas) de la Orden se encuentra un grande Epílogo che
sintetiza la figura de la Madre de Dios en el misterio del la Redención y sus Siervos:
“ En
este compromiso de servicio, la figura de María a los pies de la Cruz sea
nuestra imagen conductora. Ya que el Hijo del hombre todavía esta crucificado
en sus hermanos, nosotros, Siervos de la Madre, queremos estar como Ella a los
pies de las infinitas cruces, para llevar consuelo y cooperación redentora”.
ORIGEN
SIERVOS DE MARÍA EN ESPAÑA: VISIÓN DE CONJUNTO
No se sabe con certeza la fecha exacta de la llegada de los primeros Siervos de María a la Península Ibérica, pero se puede probar que el primer convento de los Siervos ha sido el de san Miguel en Cuevas de Cañart (Teruel) fundado en el año 1497. En el 1576 los Siervos de María están ya en Barcelona en santa Madrona para pasar luego en el 1618 al convento del Buen Suceso en el centro de la ciudad. En el año 1592 será fundado el convento de Belloch. Este convento, después del tratado de los Pirineos y consiguiente cambio en los limites territoriales, pasará bajo la jurisdicción de la provincia narbonense de los Siervos.
Así hacia el final del siglo XVI encontramos en España tres conventos de frailes y dos de monjas contemplativas: Sagunto (1489) y Valencia (1566). Fue en el 1600 cuando se produjo la más grande y definitiva expansión de la Orden en España, aunque limitada a los Reinos de Aragón (Cuevas de Cañart 1497 y Bolea 1658), de Valencia (Quart de les Valls 1612 y Montán 1612) y el principado de Cataluña (Barcelona 1618, Sant Boi 1609, Vilarodona 1607, Ampurias 1606, Marsá-Falset 1611-1623, y Bañolas 1638).
El máximo de los conventos de la provincia española en el 1600 fue de 12. Desde entonces hasta la supresión de Mendizabal del 1835 la provincia siempre estuvo compuesta de diez conventos.
Por lo que respecta al número de los frailes se sabe de la relación que el provincial hace al padre General sobre la situación de la provincia en el año 1768: había entonces 334 frailes, una de las más numerosas de la Orden.
Cuando en el 1835 tuvo lugar la supresión de las órdenes religiosas en nuestra provincia había 315 frailes. Después de la supresión muchos religiosos de nuestra provincia fueron acogidos por diversas provincias italianas, sobre todo en la provincia romana. Otros intentaron establecerse en tierra de misión: fr. Bernardo Rabascall e Fr. José Viñes llegaron hasta Mindanao y después a Calcuta, así como el P. Fr. Antonio Foguet que llegó a Arabia. Pero todos estos intentos no tuvieron éxito debido a la falta de personal.
Después de algún intento de volver a España durante el generalato del P. Stagni, será finalmente en el año 1943 cuando la Provincia Piamontesa, acogiendo la solicitud del P. General Alfonso Benetti, de restablecer de nuevo la presencia de los Siervos de María en España, aceptó hacerse cargo de esta fundación. Así el 11 de Marzo del mismo año llegaban a Madrid el P. General, el P. Anselmo Peaquin y el P. Carlo Zanetta de la Provincia Piamontesa y el P. Ildefonso Bartolini de la Provincia Romana. El Cardenal de Toledo Mons. Enrique Pla y Daniel confía a la Orden la parroquia de Puente del Arzobispo y otras dos vecinas a dicha población.
Un año después en el agosto del 1944, lo Siervos de María llegan a Quart de les Valls, a 35 Km de Valencia, encargándose del servicio a la parroquia. Así de este modo después de 109 años los Siervos volvían a un antiguo convento de la Orden. La Iglesia conventual fue quemada en el 1936 y el convento ocupado en parte por el municipio, parte por la escuela y parte por la canónica. En el 1950 dejaron este convento por una nueva fundación en la ciudad de Valencia. Hoy los Siervos de María se encuentran en Madrid, Denia, Plasencia, Valencia y Matola (en Mozambique).
Entre las fechas significativas de la refundación de los Siervos de María en España destacamos las siguientes:
11 Marzo 1943: llegada de los primeros frailes a Madrid (P. General, el P. Anselmo Peaquin y el P. Carlo Zanetta de la Provincia Piamontesa y el P. Ildefonso Bartolini de la Provincia Romana.)
1943-1961: Las fundaciones en España forman el «Comisariado español», dependiente de la Provincia Piamontesa (Italia).
18 Octubre 1961: se instituye el «Rectorado Español OSM».
22 Enero 1969: el Consejo General OSM concede al rectorado los derechos de una Provincia.
25 Marzo 1971: El Capítulo General de Opatija (Yugoslavia) crea la provincia española de los Siervos de María[1]
* Reseña histórica tomada de la síntesis hecha por el Padre Carlos Blanch, de la Provincia Española y publicado en el calendario de la Federación de los Siervos de Italia, España y Austria del año 1994, con ocasión de la celebración del 50o aniversario de la refundación de la Orden de los Siervos de María en España.
HISTORIA
DE LA "LEYENDA" SOBRE EL ORIGEN DE LA ORDEN DE LOS SIERVOS DE SANTA MARÍA VIRGEN
Insignes devotos de nuestra Señora
Hubo en la ciudad de Florencia siete hombres, dignos de mucha reverencia y estima, a Ios cuales nuestra Señora unió para iniciar, por la vida común y la concordia de Ios ánimos, la Orden de sus Siervos.
Cuando ingresé en nuestra Orden aún vivía fray Alejo, único sobreviviente del grupo de los siete. Plugo a nuestra Señora conservar en vida hasta nuestro tiempo a fray Alejo, para que de su boca pudiéramos conocer el origen de nuestra Orden. La vida de fray Alejo era tal que, como lo pude comprobar con mis propios ojos, no sólo arrastraba con su buen ejemplo a los que con él vivían, sino que era también una garantía de su propia perfección, de la de sus compañeros y de su profunda religiosidad.
Cuatro aspectos pueden considerarse por lo que toca al estado de vida de los siete Fundadores antes de que se congregaran para dar origen a nuestra Orden.
En primer lugar, el estado con relación a la Iglesia: algunos de ellos se habían comprometido a guardar virginidad o castidad perpetua, por lo que no se habían unido en matrimonio; otros ya estaban casados, y otros habían enviudado.
En segundo lugar, el bienestar y condición social: aquellos siete varones comerciaban con las cosas de este mundo, según las reglas del arte mercantil; pero cuando descubrieron la perla preciosa o, por mejor decir, cuando conocieron que esta perla quería producirla nuestra Señora por medio de la unión de sus vidas, entonces para comprar dicha perla, es decir, nuestra Orden, no sólo vendieron todos sus bienes y los distribuyeron entre los pobres, según el consejo evangélico (cf Mt 13, 45-46), sino que, con ánimo alegre, entregaron sus propias vidas.
En tercer lugar, su reverencia y honor para con nuestra Señora. Existe en Florencia, desde muy antiguo, una sociedad fundada en honor de la Virgen María, la cual, por su antigüedad y por la santidad de sus numerosos asociados, había conseguido una cierta relevancia sobre las demás y el título de Sociedad mayor de nuestra Señora. A ella pertenecían, antes de reunirse, los siete Fundadores corno insignes devotos de nuestra Señora.
En cuarto lugar, el estado de perfección espiritual: amaban a Dios sobre todas las cosas y a Él ordenaban todas sus acciones, como exige el recto orden, honrándolo así con todos sus pensamientos, palabras y obras.
Cuando, por divina inspiración, ya estaban decididos a vivir en común, a lo que les había impulsado de un modo especial nuestra Señora, arreglaron sus asuntos familiares y domésticos, dejando lo necesario para sus familias y distribuyendo el resto entre los pobres. Finalmente, se dirigieron a hombres de consejo y de vida ejemplar y les manifestaron su propósito.
Así, pues, subieron a Monte Senario, y en su cima levantaron una pequeña casa, adecuada a sus necesidades, a la que se fueron a vivir en comunidad. Allí empezaron a caer en la cuenta de que se habían congregado no sólo para alcanzar su propia santificación, son también para admitir a nuevos miembros, con el fin de acrecentar la nueva Orden que nuestra Señora había comenzado sirviéndose de ellos. Por tanto, empezaron a recibir a nuevos hermanos y, así, fundaron nuestra Orden, cuya principal artífice fue nuestra Señora, que quiso que estuviera cimentada en la humildad de los frailes, edificada por su concordia y conservada por su pobreza.
Nuestra Orden nacida como expresión de vida evangélica, asume la inspiración mendicante -propia de su tiempo- en el seno de la Iglesia. Han sido mucho sus seguidores y entre ellos, también diversos santos y santas (Felipe Benicio, Juliana Falconieri, Peregrín Laziosi y, a finales del siglo pasado Antonio Pucci).
Hoy la Familia de los Siervos de María está formada por frailes (unos 1000 en todo el mundo); monjas contemplativas (unas 200); religiosas (23 congregaciones con unos 5.000 miembros), dos Institutos seculares y varios miles de laicos, miembros de la Orden seglar (Tercera Orden).
Presentes en los cinco continentes (como la imagen indica), "perseguimos en nuestra vida el ideal de alcanzar la perfecta estatura de Cristo, teniendo para con las criaturas sólo relaciones de paz, de misericordia, de justicia y de amor constructivo. En este empeño de servicio, sea la figura de Maria al pie de la Cruz la imagen que nos guíe. Puesto que el Hijo del hombre es aún crucificado en sus hermanos, nosotros, los Siervos de la Madre, queremos estar con Ella a los pies de las infinitas cruces, para llevar consuelo y cooperación redentora"[2].
[1] (Nn. 15.26-27. 16-19.21.30.41.48.44 passim: en Monumenta OSM, 1, pp. 71 ss.).
[2] Tomado del Epilogo de las Constituciones de los Siervos de Santa María, Roma 1987.
DE LOS ORIGENES (1233) A LA APROBACIÓN PONTIFICIA (1304)
Una tradición consolidada hace surgir en el año 1233 el origen de la Orden de los Siervos de Santa María. En darle importancia a esa fecha dentro de la Orden ha contribuido el hecho que uno de sus máximos santos Felipe Benicio (+ 1285) había nacido en Florencia precisamente en 1233.
El más antiguo y con autoridad documento narrativo sobre el origen de la Orden, escrito probablemente por el prior general fray Pedro de Todi cerca del 1317-1318, lleva por título Legenda de origine Ordinis fratrum Servorum Virginia Mariae (= Legenda sobre el origen de la Orden de los Siervos de la Virgen María). Es de notar que el término Legenda significa texto para ser leído.
En el momento de los orígenes de los Siervos de María, la presencia de movimientos religiosos en Florencia era intensa.
La vida ciudadana, sin embargo, era diferente por inquietudes sociales. Un grupo de siete laicos (conocemos con certeza solamente el nombre del primero, Bonfilio, del cual se puede admirar una grande estatua en la basílica vaticana) abandonan familia, actividades y profesiones para retirarse a vivir juntos y en penitencia, pobreza y oración. En la ciudad dividida por luchas fraticidas, ellos buscaron dar testimonio visible de comunión fraterna. Lugar de su retiro fue Cafaggio, donde actualmente surge en Florencia la basílica de la SS.ma Anunciación. Sucesivamente, en busca de una mayor soledad, se retiraron en el áspero Monte y, gracias al creciente números de personas que se unieron a ellos, fundaron nuevas comunidades. En efecto son anteriores al 1256 los conventos de Siena, Ciudad de Castello y Borgo Sansepulcro, además de Florencia y Monte Senario.
Por una disposición ya aprobada por el Concilio Lateranense IV (1215), y después hecha severamente operativa por el Concilio II de Lyon (1274), la Orden esta en riesgo, junto con otras nuevas Órdenes religiosas mendicantes, la supresión. La salva Felipe Benicio, prior general del 1267 hasta la muerte (1285), que gracias a su acción eficaz de paz llevada a la ciudad de Forlí, donde un joven que al inicio lo había combatido después decidió seguirlo y hacerse Siervo de María. Fue Peregrino Laziosi, o de Forlí, el santo de la Orden hoy mayormente conocido y venerado.
DE LA APROBACIÓN PONTIFICIA (1304) A 1500
El Papa Benedicto XI, dominico, el 11 de febrero de 1304, con la bula Dum Levamos aprobó la Regla y las Constituciones de los Siervos de María. En aquella fecha, la Orden contaba no menos de 250 frailes, distribuidos en 27 conventos en Italia y en cuatro conventos en Alemania.
En este año (2004) se conmemora el séptimo centenario de la aprobación pontificia de la Orden. El acontecimientos ha sido recordado con una importante Carta a toda la Familia de los Siervos por el prior general actual fray Ángel M. Ruiz Garnica.
El Trescientos, en la vida de la Orden, estuvo marcado por la presencia de figuras ejemplares de frailes, la cual vida ha sido transmitida por importantes documentos históricos. Se pueden recordar: el beato Joaquín de Siena (1306), el beato Buenaventura de Pistoria (1306), el beato Jacobo de Ciudad de la Pieve, mártir, en 1310, por la justicia; el mismo año murió el último de los siete Fundadores Alejo Falconieri; recordamos también los beatos Andrés de Sansepulcro, Ubaldo de Sansepulcro y Buenaventura de Pistoia (1315), el beato Francisco Patricio (1328) y el beato Tomás de Orvieto (1343). Mueren en el Trescientos, santa Juliana Falconieri (1341) y san Peregrino Laziosi (1345).
Entre los frailes del Trescientos recordamos se encuentran fray Pedro de Todi que fue prior general del 1314 al 1344 y figura controvertida dentro de la Orden, y también fray Andrés de Faenza, prior general por 22 años e insigne arquitecto al cual se debe la basílica de S. María de los Siervos de Bolonia.
El Cuatrocientos se abre en la Orden de los Siervos de María con el capítulo general de Ferrara (1404) que decidió restaurar moral y espiritualmente Monte Senario. En el renacimiento de Monte Senario se vincula el surgir en la Orden, en 1430, la llamada Congregación de la Observancia que, sin separarse jurídicamente de la Orden, representó un movimiento interno reformador; fenómeno que se verificó también en muchas otras Ordenes religiosas, las cuales si se llegó a la separación: no fue así para los Siervos de María. La experiencia de la Congregación de la Observancia, en efecto, para los Siervos de María se concluyó en 1570. Recordamos que en el 1493, los conventos de la llamada Observancia eran 26 y, antes del 1570, eran unos 60.
En 1424, con la bula Apostólicae Sedis providentia, Martín V ratifica la existencia y la organización de la Tercera Orden, hoy llamada Orden Seglar de los Siervos de María.
En el Cuatrocientos asumen importancia en la Orden como centros de estudios los conventos de la Santísima Anunciación de Florencia y de Santa María de los Siervos en Bolonia.
Figuras insignes de los Siervos de María en el Cuatrocientos fueron el prior general Antonio Alabanti que, el 27 de mayo de 1487, obtuvo de Inocencio VIII el llamada Mare mágnum, es decir, la bula Apostolicae Sedis intuitus que contenía todos los privilegios pontificios concedidos hasta entonces a la Orden. El analista de la Orden Arcángel Giani atribuye a Alabanti la idea que también los Siervos de María participaran en la Evangelización del Nuevo Mundo, apenas descubierto por Cristóbal Colón.
Entre los santos frailes del Cuatrocientos se recuerdan a los beatos Benincasa de Montepulciano (1426), Jerónimo de San Ángel en Vado (1468), la beata Elizabet Picenardi (1468), el beato Santiago Felipe Bertoni (1483) y el beato Buenaventura de Forlí (1491).
Al final del Cuatrocientos, se funda un convento en Las Cuevas (Aragón), en España; en aquella época los conventos de los Siervos eran cerca de 170 y 1200 frailes.
DE 1500 A LA CANONIZACIÓN DE LOS 7 FUNDADORES (1888)
El Quinientos para los Siervos de María es un siglo complejo y atormentado en cuanto la Orden resiente los acontecimientos que en este siglo marcan la vida de la Iglesia (el brote de la reforma luterana, 1517; el Concilio de Trento, 1545-1563; la Contrarreforma o reforma católica…). En la Orden, mientras que en el Cuatrocientos habían gobernado 6 priores generales, en el periodo comprendido entre la muerte de Alabanti (1495) y la de Ángel María Montorsoli (1600), se tuvieron unos 20 priores generales, más de la mitad fueron elegidos por el papa. Además, en los primeros años del Quinientos la Congregación de la Observancia tuvo un serio declive. Se recuperará plenamente en la Orden en 1570
En 1505 muere en Milán el beato Juan Ángel Porro, considerado entre los primeros que empezaron el catecismo de los niños. Transcurridos pocos años del inicio de la reforma luterana, se empezó a suprimir los conventos de la Orden en Alemania. En 1933, el prior general Jerónimo Amidei de Lucca lanza una fuerte llamada a toda la Orden para reconstruir Monte Senario.
La Orden estuvo presente en el Concilio de Trento con los Siervo de María Agustín Bonucci, prior general del 1542 al 1553 y Lorenzo Mazzocchio, prior general del 1554 al 1557… Contemporáneamente al Concilio se procede a la revisión de las Constitucions de la Orden: antes del 1548 (Capítulo general de Budrio), después en 1556, en 1569 y finalmente en 1580, bajo el tiempo del padre general de Santiago Tavanti.
Al final del siglo guían la Orden dos eminentes figuras, fray Lelio Baglioni y fray Ángel M. Montórsoli –no confundirlo con el tío, el Siervo de María y grande escultor Juan Ángel Montórsoli (1507-1563). A Fray Lelio Baglioni, prior general del 1590 al 1597, se le debe una reforma de la Orden actuada con una serie de disposiciones concretas y con el inicio, en el 1593, de la Congregación eremítica de Monte Senario. La Célebre Carta espiritual, escrita por fray Ángel María Montórsoli mientras vivía como ermita en un cuarto del convento de la Santísima Anunciación de Florencia, impactó de tal manera al papa Clemente VIII que obligó a Montórsoli a salir de su reclusorio y lo impuso como prior general en 1597. Como se ha dicho, en el 1570 es reunificada la Orden con la Congregación de la Observancia. Al final del Quinientos, los conventos de los Siervos de María eran 240 y los frailes mas de 1800.
DE LA CANONIZACIÓN DE LOS SIETES FUNDADORES (1888) AL 2000
Mientras el Setecientos fue el siglo del máximo incremento numérico de la Orden, el Novecientos es el siglo de su máxima dislocación geográfica que llega a los cinco continentes. De esta internacionalización de la Orden se confirma el siguiente dato: de los orígenes hasta el 1913 los Siervos de María tuvieron un solo prior general no italiano (fray Alboino M. Patscheider). Del 1913 a hoy, de 11 priores generales, siete son no italianos: el francés Alexis Henri M. Lépicier (1913-1920), el inglés Augustine M. Moore (1926-1932), los americanos Joseph M. Loftus (1965-71) y Peregrine M. Graffius (1971-1977), el canadiense Michel M. Sincerny (1977-1989), el belga Hubert M. Moons (1989-2001) el mexicano Ángel M. Ruiz Garnica (2001-…)
Para los Siervos de María el Novecientos es el siglo del asumir un creciente compromiso misionero y el de las nuevas fundaciones.
En lo que se refiere a las Misiones de los Siervos, fueron asumidas por la orden como territorios misioneros, en 1913 Swaziland (Sudáfrica); en 1919 el Acre (Brasil); en 1937 Aysén (Chile) y en 1938 Zululand (Sudáfrica).
En lo que se refiere a las Fundaciones, en 1912 se tuvo la primera fundación de la Orden en Canadá; en 1921 en Argentina, en 1935 en Transvaal; en 1939 en Uruguay; en 1943 en España, en 1946 en Bolivia; en 1947 en Irlanda; en 1948 en México; en 1951 en Australia; en 1952 en Venezuela; en 1963 en Colombia, en 1964 en Alemania; en 1974 en India; en 1984 en Mozambique, en 1985 en Filipinas; en 19.. en Uganda; en 1993 en Albania; sin decir de las refundaciones en Hungría (Eger) y en la República Checa…
En 1943 se abre en Londeres por Joan Bartlett al Servite House que se convertirá en Instituto Secular Servita, mientras en 1959 nace el instituto Secular Regnum Mariae. En 1987, por iniciativa del prior general Michel M. Sincern, nace la Unión Internacional de la Familia Servita (UNIFAS).
Después del Concilio ecuménico Vaticano II, la Orden procede a la revisión de las propias Constituciones; revisión empezada con el Capítulo general extraordinario de 1968 (Majadahonda, Madrid) y concluido con la aprobación de la Santa sede en 1988.
En 1964 la Orden registra el mayor incremento numérico después de la primera mitad del Setecientos, llegando a florecer los 1700 unidades. Otros acontecimientos de relevancia del Novecientos han sido el nacimiento de la Pontificia Facultad Teológica Marianum (1950), la beatificación (1952) y la canonización (1962) de fray Antonio M. Pucci; la creación en 1959 del Instituto Histórico de la Orden, el nacimiento, después del Concilio Vaticano II, del a Comisión Internacional permanente para la Liturgia (CLIOS); el confirmarse algunas revistas científicas Studi Storici de la Orden de los Siervos de María fundada en 1931 y Marianum, fundada en 1939. Recordamos además de la canonización de Clelia Barbieri (+ 1870), fundadora de las Mínimas de la Dolorosa, la beatificación de Ferdinando M. Baccilieri de la Orden seglar de los Siervos de María (1997) y de sor María Guadalupe Ricart Olmos (2001), claustral española, mártir durante la guerra civil de España.
Figuras de importancia en el Novecientos de los Siervos fueron fray Henri Alexis M. Lépicier (1863-1936), prior general y cardenal; Gabriele M. Roschini (1900-1977), insigne mariólogo; Joaquín M. Rosseto (1880-1935), primer misionero de los Siervos en África; James M. Keane (1901-1975) por el inicio de la Orden en Irlanda y en Australia y los jóvenes fray Venancio M, Quadri (1916-1937) y fray Joaquín M. Stevan (1921-1949), de los cuales esta la causa de beatificación.
Una mención particular merecen los frailes Giovanni M. Vannucci (+ 1984), místico y autor de importantes escritos y el poeta fray David M. Turoldo (+ 1992).
ESPIRITUALIDAD
CARISMA
1. Servicio: El Servicio es un elemento esencial del carisma de la Orden. Este espíritu de Servicio tiene sus profundas raíces en las Sagradas Escrituras. En su ideal de servicio, los Siervos de María se inspiran antes que nada al ejemplo de Cristo, che se encarna en la figura del “Siervo del Señor” (cf. Is 42, 1-7; 49, 1-9; 50, 4-11; 52, 13-53, 12), que vino “para servir y dar la propia vida en rescate de todos” (Mc 10, 45) y esta en medio de sus discípulos “como aquel que sirve” (Lc 22, 27; cf. Jn 13, 3-17). Después en la humilde actitud de la bienaventurada Virgen que, llamada por Dios a a colabora en el proyecto salvador de la encarnación del Verbo, se declaró: “Sierva del Señor” (Lc 1, 38).
Para los Siervos el “ámbito del servicio es muy amplio: Dios, la Virgen, la Iglesia, el hombre, los frailes de la propia comunidad. El Servicio es la participación a las aspiraciones e inquietudes del hombre, la promoción de genuinas formas de vida cristiana;
- Servicio como la hospitalidad y acoger a los hermanos, especialmente los más humildes, la asistencia a los ancianos, a los enfermos, y a las personas necesitadas;
- Servicio son también las múltiples formas de compromiso apostólico, en particular el misionero;
- Servicio finalmente es: el estudio, el ejercicio de la autoridad, el compromiso de tener con todas las criaturas “solo relaciones de paz, de misericordia, de justicia y amor constructivo.”
2. Inspiración Mariana: La dedicación total a la bienaventurada Virgen, “especial refugio, madre singular y propia Señora” de los Siervos es otro de los elementos esenciales de la vida de la Orden de los Siervos de Santa María. Esta dedicación tiene sus raíces en el hecho mismo realizado por nuestros primeros Padres fundadores al inicio de su camino espiritual: ellos “temiendo su imperfección, pensaron rectamente ponerse humildemente ellos mismos y sus corazones, con toda devoción, a los pies de la Reina del cielo, la gloriosísima Virgen María, para que ella, como mediadora y abogada, los reconciliara y los recomendara a su Hijo, y supliendo con su caridad plena a su imperfección, intercediera para ellos la fecundidad de méritos. Por eso poniéndose con honor de Dios al servicio de la Virgen Madre suya, quisieron desde entonces ser llamados “Siervos de santa María”.
La Orden en efecto, siempre ha estado convencida de una particular presencia de santa María en su vida: en la hora difícil de los orígenes, a lo largo de los siglos, en el tiempo actual.
Ya en la época de los siete santos Padres y de san Felipe Benicio, los Siervos tuvieron clara conciencia que en el origen de la Orden estaba la figura materna y misericordiosa de Santa María, la Novella plantario, como el papa Inocencio IV, con una imagen de ascendencia bíblica (cf. Is 61, 3; Sal 143, 12), llama a la Orden en la bulla Ut religionis vestrae del 1 de agosto de 1254. Sin duda se conviertió en la mente de los frailes la plantatio Virginia, como la viña plantada por la Virgen y por ella custodiada y defendida.
A lo largo de los siglos la Orden ha sentido siempre cerca la bienaventurada Virgen, que la veneraba con devoto servicio como Mujer del anuncio gozoso, de la misericordia real y de la compasión salvadora. La ha sentido cerca sobre todo en los momentos en el cual, los acontecimientos de varia naturaleza, habían amenazado la extinción y se corría el peligro de desaparecer parte de su patrimonio espiritual. En esos momentos la conciencia de ser la “religio Dominae nostrae” constituyó para la Orden un motivo de esperanza y una fuerza especial para la renovación de su compromiso evangélico.
En las Constituciones (normas internas) de la Orden del 1987 y en algunos aspectos son puestos en relieve:
- La Encarnación del Verbo, acontecimiento en el cual los Siervos contemplan llenos de veneración la Santísima Virgen de la Anunciación, la mujer del “fiat” (cf. Lc, 1, 38), humilde y llena de fe: y de ella aprenden “a acoger la Palabra de Dios y a estar atentos a las indicaciones del Espíritu;
- La asociación de la Madre a la pasión salvadora del Hijo (cf. Lc 2, 34-35; Jn 19, 25-27), que determina la particular piedad de los Siervos hacia la Virgen de los Dolores;
- La maternal intercesión de la Virgen, Reina y Madre de Misericordia, a la cual los Siervos confiados se abandonan y a la cual misericordia se proponen prolongar en su vida;
- Su glorificación al cielo junto al Hijo, por el cual ella resplandece como la Gloriosa Señora, a la cual los Siervos ofrecen su devoto servicio y bajo el cual patrocinio se refugian.
3. Fraternidad: En el texto de las Constituciones de los Siervos es clara la importancia de la comunión fraterna para la vida. La oración de Jesús al Padre para sus discípulos fueran una sola cosa como Él y el Padre son una sola cosa (cf. Jn 17, 11), el testimonio de la primitiva comunidad cristiana en el cual “la multitud de los que habían venido a la fe, tenían un solo corazón y una alma sola” (Hch 4, 32), el precepto de san Agustín che los frailes vivan “unánimes en la casa” y tengan “todo en común” entre ellos y finalmente el ejemplo de los Siete Santos Fundadores transmitido por el grande documento antiguo “Legenda de origine Ordinis hacen que la comunión fraterna sea elemento esencial de la vida de los Siervos de María. Sin este elemento no serían siervos de Santa María.
La comunión fraterna “caracteriza el modo de testimoniar el Evangelio;
- informa nuestro estilo de vida, nuestro trabajo y nuestra oración; determina la forma de gobierno de la Orden y da una peculiar huella a nuestro servicio apostólico;
- es el ámbito en el cual realizamos nuestro testimonio de pobreza evangélica y en el cual vivimos nuestro compromiso de obediencia a la Palabra de Dios y a las decisiones comunitarias;
- en ésta reconocemos una fuente de amistad y una salvaguardia de nuestra consagración al Señor en la castidad por el Reino;
- la comunión fraterna finalmente es el clima indispensable de la formación auténtica del Siervo de María y para su desarrollo integral de su personalidad.
4. Misericordia:
La conversión.
En la Iconografía de los Siervos, a menudo se encuentra la imagen de la Madre de la Misericordia que acoge a sus siervos y los protege de todo mal físico y espiritual, implorando gracias y misericordia de su Hijo; pero también a menudo se reconoce en esta piedad de los Siervos el camino que Dios llama constantemente la conversión, entendida como el constante dirigirse a Dios y el cotidiano progreso en el camino trazado por el Evangelio, es una componente característica de la espiritualidad de los Siervos. Esa tiene su raíz en la gran amonestación de Jesús, dirigido a quienquiera ser su discípulo: “Conviértanse y crean en el Evangelio” (Mc 1, 15) e implica una “orientación radical y constante de la comunidad y de los individuos hacia la novedad de Cristo”.
Para los Siervos de cada tiempo el dejar todo y las opciones realizadas por los Siete Santos Fundadores cuando se reunieron para seguir a Cristo y su Evangelio, constituyen un ejemplo convincente de la “Conversio Morum”
La Conversio morum exige en efecto, un estilo de vida austero, sobrio, penitente “de modo que para cada uno de nosotros se haga realidad la palabra del apóstol: ‘Los que son de Cristo Jesús han crucificado su carne con sus pasiones y sus deseos. Si por lo tanto vivimos del Espíritu, caminemos también según el Espíritu’ (Gal 5, 24-25).
María en el misterio de la Redención: la Virgen Dolorosa.
Para los Siervos de Santa María la devoción a la Virgen de los dolores se vincula al simbolismo del hábito negro, en el cual los hagiógrafos del siglo XIV reconocían un signo de la humildad de la Virgen y las penas sufridas en la pasión de su Hijo. La respuesta de san Felipe a dos frailes dominicos que le preguntaban sobre la Orden al cual pertenecía, y la visión mariana que según el autor de la Legenda de origine Ordinis, tuvo san Pedro Mártir ponen el hábito de los Siervos en relación con el misterio del dolor de nuestra Señora: “hábito de la viudez” de la Virgen, lo llama san Felipe; hábito que significa “el dolor que ella sufrió en la dolorosísima pasión del Hijo suyo”, precisa el autor de la Legenda de origine Ordinis.
Se trata de testimonios de la primera mitad del siglo XIV, que son objeto de creciente interés por parte de los historiadores de la Orden. En esos testimonios se puede reconocer el germen de aquella morosa atención hacia el misterio de la Virgen Dolorosa, que se desarrollará en los siglos sucesivos y constituirá uno de los elementos característicos de la espiritualidad de la Orden.
En efecto, el culto particular hacia la Virgen de los Dolores se expresa con devociones como la Corona de la Dolorosa, el Via Matris, y con una Misa votiva de los Siete Dolores que fue concedida para los frailes de la Orden el 9 de junio de 1668. En los siglos XVII-XIX encontramos un hecho importante en el desarrollo de la devoción dentro de la Orden: el 9 de agosto de 1692 la Virgen de los Dolores fue declarada titular y patrona de la Orden; punto de un largo proceso en el cual varias expresiones de piedad por parte de la Orden Seglar se dirigía hacia la Virgen Dolorosa –sea litúrgicas como populares- habían surgido y se había solidificado; pero también fue estímulo y punto de partida para la creación de otros ejercicios piadosos en honor de la Reina de los Mártires.
En las Constituciones (normas) de la Orden se encuentra un grande Epílogo che sintetiza la figura de la Madre de Dios en el misterio del la Redención y sus Siervos: “ En este compromiso de servicio, la figura de María a los pies de la Cruz sea nuestra imagen conductora. Ya que el Hijo del hombre todavía esta crucificado en sus hermanos, nosotros, Siervos de la Madre, queremos estar como Ella a los pies de las infinitas cruces, para llevar consuelo y cooperación redentora”.
HAGIOGRAFIA


* BEATOS OSM:
1. Beato Santiago de Villa (15 de Enero)
"Defensor de los pobres"
Santiago nació en Citta' della Pieve (Umbria) hacia el año 1270. siendo abogado, se dedicó a reivindicar los derechos de los pobres y oprimidos. Con sus recursos pagó la restauración de una iglesia y de un hospicio situados fuera de la "Puerta del Vecciano", donde daba acogida a enfermos y necesitados y los servía con diligente caridad. Su defensa de los derechos dee los pobres le atrajo el odio de un hombre poderoso, el cual valiéndose de unos sicarios, le tendió una emboscada y lo asesinó. Sus conciudadanos le honraron con el título de "Limosnero". Pío VII aprobó su culto en 1806.
Oración
Señor, Dios nuestro, por cuyo amor el beato Santiago no tuvo miedo de afrontar la muerte por defender los derechos de los pobres, concédenos que ningua dificultad nos amedrente en la práctica de la caridad y de la justicia. Por Jesucristo nuestro Señor.
2. Beato Joaquín de Siena (3 de Febrero)
Nació en Siena alrededor del año 1258. A los 13 años fue recibido en la Orden de los Siervos de María por san Felipe Benicio. Vivió en los conventos de Siena y de Arezzo dando un admirable ejemplo de devoción a la Virgen, de humildad y caridad. Su gran amor al prójimo le impulsó a pedir a Dios la gracia de padecer de por vida, en su propio cuerpo, la enfermedad de un epiléptico al que no había logrado confortar con sus palabra. Murió en el año 1305. El culto del beato Joaquín -la Misa y el Oficio- fue aprobado por el papa Pablo V en 1609.
Oración
Dios nuestro, que enseñaste al beato Joaquín, fiel seguidor de tu hijo y de su humilde Madre a servir con delicadeza a sus hermanos y aun a tomar sobre sí sus enfermedades, concédenos, por su intercesión, aprender a soportar nuestras penas y a compartir los sufrimientos de los demás. Por Jesucristo nuestro Señor.
Isabel nació probablemente en Cremona en torno al año 1428. Vivía cerca de una iglesia de los Siervos dedicada a san Bernabé y así tuvo ocasión de frecuentar a los frailes de nuestra Orden, cuyo hábito visitió. Se distinguó or la castidad y por su amor a la Eucaristía y a nuestra Señora. Murió en el año 1486. Pío VII aprobó su culto en 1804.
Oración
Suscita en nosotros, Señor, un espíritu de generosidad y de entrega, que, alimentado por la Eucaristía y el amor a la santísima Virgen, nos impulse como a la beata Isabel, a dedicar la vida al servicio de los hermanos. Por Jesucristo nuestro Señor.
4. Beato Juan Benincasa (11 de Mayo)
Benincasa nació probablemente en Monepulciano el año 1375. Desde muy joven ingresó en la Orden de los Siervos de María y abrazó la vida eremítica y penitente. Murió alrededor del año 1426. Su cuerpo se conserva en la iglesia parroquial de san Leonardo en Monticchiello (Siena). El papa Pío VIII aprobó su culto en el año 1829.
Oración
Señor, Dios nuestro, que llamaste al beato Juan Benincasa a dar testimonio vivo de tu Hijo con una vida de soledad, trabajo y silencio, otórganos a nosotros que, fortalecidos por la oración y la penitencia, cumplamos cada día mejor los deberes de la vida cristiana. Por Jesucristo nuestro Señor.
MISION DE MOZAMBIQUE
LAS MISIONES
DE LOS SIERVOS DE MARÍA
"Los Siervos de María, respondiendo al mandato del Señor de anunciar el Evangelio a todos los hombres, sienten el compromiso de ir a donde la Iglesia no esta establecida aun o se encuentra en un estado de insuficiencia. Ellos, con la su vida eminentemente comunitaria, se constituyen la primera presencia, que si desarrollará y crecerá a través de la evangelización y los Sacramentos hasta llegar a la madurez de una Iglesia local"
Las zonas técnicamente misioneras, es decir territorios de Missio Ad Gentes, confiadas directamente por la Santa Apostólica al cuidado pastoral de la Orden, son actualmente dos: Vicariato Apostólico de Aysén, en Chile, y el Vicariato Apostólico de Ingwavuma, en Suráfrica.
La Orden sigue colaborando estrechamente en la consolidación de dos Iglesias particulares, es decir diócesis autónomas: Manzini (Swaziland) y Río Branco (Brasil), en dependencia directa de la Sede Apostólica, a través de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. En lo que se refiere a estas dos Misiones, la Orden no tiene la responsabilidad directa como las Iglesias citadas.
Las Nuevas Fundaciones o Refundaciones no se equiparan con las Iglesias Misioneras, apenas nombradas, porque el compromiso de evangelización no ha sido asumido por la Orden como responsabilidad directa de la Sede Apostólica, sino han nacido como iniciativas individuales de las jurisdicciones servitas, con excepción de Albania.
Algunas Fundaciones son presencias servitas en Iglesias locales Misioneras, por ejemplo Uganda, Mozambique, República del Congo; y otras en Iglesias ya autónomas constituidas que no se consideran más como territorios misioneros (por ejemplo algunas diócesis de Latinoamérica, Asia, Europa del Este).
En 1983 los Siervos de María de la Provincia Española, como respuesta a una clara voluntad de reestructuración, decidimos asumir un compromiso misionero “ad gentes” en África, que se concretó en el servicio de evangelización en la Misión de San Gabriel, en la ciudad de Matola a 7 km de Maputo, capital de Mozambique. Cuando llegaron los primeros dos frailes, el 2 de febrero de 1984, el país todavía estaba en plena Guerra civil (1976-1992). Actualmente Mozambique se encuentra en fase de reconstrucción a todos los niveles, ya que la Guerra civil, que duró 16 años, causó la muerte a un millón de personas, destruyó la infraestructura administrativa, social y económica de toda la nación.
Actualmente los Siervos trabajan en el servicio de evangelización, educación, pastoral urbana y rural y en la promoción social y de la mujer, niños y ancianos.
La Parroquia de San Gabriel, confiada a los Siervos de María por el Arzobispo de Maputo el 16 de diciembre de 1984, es actualmente una comunidad cristiana muy numerosa, cada año se supera el centenar de bautizados. Los frailes atendemos, además, a unas siete comunidades rurales dependientes de la Parroquia, con sus respectivas Capillas, donde se celebran los sacramentos y se forma a los catequistas para que estos a su vez formen a los catecúmenos. En estas comunidades de base se realizan también tareas de prevención y promoción social.
Mozambique, no obstante su riqueza natural, sus habitantes viven en la pobreza.
Los Siervos de María, con la colaboración de los laicos Servitas, y otros amigos y bienhechores mantenemos un Centro nutricional para bebés desnutridos y sus madres lactantes, y una Guardería donde se cuida y alimenta a los niños para facilitar el trabajo de las mujeres.
Los frailes dirigimos además la Escuela Parroquial de San Gabriel, que abarca toda la Primaria y Secundaria, en donde se forman chicos y chicas con la garantía de una educación en “valores cristianos”, dentro de los límites que impone el régimen político socialista-comunista del país.
En los primeros años de nuestra presencia en Mozambique nos volcamos con el cuidado y la particular educación de los niños huérfanos de la guerra, creando el Hogar de la Esperanza para su formación humana, espiritual y técnica, enseñándoles un oficio con el que ganarse la vida en el porvenir. Hoy los huérfanos no los produce la guerra, sino la pandemia del SIDA. Para estos pequeños estamos construyendo un nuevo Hogar.
Los ancianos también son una gran preocupación, pues quedan solos y en la miseria por la emigración o el abandono de los hijos. Para ellos los Siervos de María hemos creado el Hogar de la Paz, para darles un entorno saludable en el que puedan subsistir dignamente, colaborando ellos mismos a su mantenimiento.
Son muchas la vocaciones que surgen en Mozambique y requieren un largo camino de acompañamiento en la Casa de Formación San Felipe Benicio. Ellos representan el futuro de la Orden en Mozambique. Actualmente contamos con un sacerdote nativo y otro joven profeso, además de tres prenovicios y cinco postulantes. En el país hay tres Monasterios de Siervas de María Contemplativas y dos casa de Siervas de Santa María del Cenáculo, (una Congregación religiosa nacida en Mozambique).
Mantenemos toda esta actividad gracias a la colaboración económica que llega por medio de la ONG Servita GRAMM, a las adopciones a distancia de niños y ancianos y a la ayuda de los voluntarios que desean entregar, junto a nosotros, parte de su vida por el Evangelio, en África.
Desde el año 2014, toda esta actividad ha sido asumida completamente por la Provincia Brasileña de los Siervos de María, que han tomado el testigo de la antigua Provincia Española, con el deseo original de apostar por la Implantatio Ordinis en Mozambique.
Que Nuestra Señora, bendiga con muchas vocaciones todo el trabajo y dedicación que en estos años se han entregado a aquellas tierras.
DIRECCIÓN: Frades Servos de María
Missao S. Gabriel
Caixa Postal 7
Matola (Maputo)
Tel comunidad 07- 258- 1- 72 15 70
Fax comunidad 07- 258- 1- 72 00 72
Lar San Felipe 07- 258- 1- 72 34 29
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